ReC: el retorno

Pues nada, chicos, me he vuelto a enganchar a Relatos en cadena. Sospecho que esta semana no habrá suerte, pero me gusta cómo me ha quedado el micro, así que aquí os lo dejo para que lo disfrutéis o lo despedacéis. Ya sabéis que siempre sois bienvenidos :-)

Danza ritual

Igual que lo hacen las ballenas, el gordo Mendoza comienza su cortejo cuando sale al recreo. La niña rubia no lo ve, inmersa en el vaivén de la comba, pero he aquí que el gordo Mendoza se desliza suavemente entre los futbolistas, salta la rayuela sin tocar la tiza y esquiva los columpios cual cervatillo, mientras nosotros, testigos de sus derrotas en gimnasia, observamos sus proezas ojipláticos. El gordo Mendoza llega a la comba en el momento justo en que, como siempre, la niña rubia tropieza. Sus brazos fofos sirven de paracaídas. Luego él sonríe, aunque ella jamás le dé las gracias. El amor, ya saben.

Un avance de La Aldea...

«Mi hermana mayor no me deja jugar con sus muñecas, dice que son perversas. Tiene muchísimas, todas ordenadas encima de su cama. A mí me parecen muy bonitas. Mi hermana es una egoísta, por eso las amigas no le duran mucho. Así que, de vez en cuando, me cuelo en su habitación y juego con las muñecas. Son preciosas, con su piel de porcelana y sus vestidos de colores. Las peino y hablo con ellas durante horas. Ayer me entretuve tanto que me dormí mientras jugaba. Desperté en brazos de mi hermana, que lloraba lágrimas enormes. “Te dije que no te acercaras a ellas”, gimió. Su cama me parece gigante ahora. Mamá aún me sigue buscando».


En breve 'La aldea de F ' llegará a España y, mientras tanto, aquí os dejo un microadelanto del libro. En los próximos días subiremos más avances en la página de facebook de Las Microlocas. ¡No os lo perdáis!

Con ustedes, 'La Aldea de F'

Ha pasado más de un año desde que tuvo lugar el nacimiento del grupo de Las Microlocas y dio comienzo el proceso creativo de su primera criatura: un libro de microrrelatos titulado La aldea de F e inspirado en un relato de Juan José Arreola.

Pues bien, tengo el placer de anunciar que nuestro libro escrito a ocho manos acaba de salir de imprenta, publicado por la editorial Punto de Partida, de la UNAM en México, y que estamos trabajando para que pronto esté disponible también en España.

De momento os dejo la portada, que no es ni la mitad de perturbadora que los microrrelatos que esconde en su interior ;-)

Susurros en el tejado, ahora en Amazon

Casi dos años después de que se publicara Susurros en el tejado, hago balance y la verdad es que no puedo quejarme de la cantidad de lectores y buenas críticas que ha conseguido, especialmente si se tiene en cuenta la distribución un tanto yeyé que ha tenido el libro y las dificultades que ha habido, según me habéis comentado muchos, para conseguirlo en determinadas ciudades.

Bueno, pues ha llegado la hora de saltar unas cuantas barreras y hacer un poco más accesibles estos Susurros antes de que se extingan definitivamente. De modo que a partir de ahora el libro ya está disponible en formato ebook para Kindle en Amazon.es: podéis comprarlo a precio reducidísmo en este enlace tan majo, con una nueva portada más molona, no vayáis a pensar que os habéis equivocado al hacer click.

¡Que lo disfrutéis! :-)

Souvenir

“Bienvenidos a la calle de Las Brujas”, rezaba un cartel medio carcomido en aquel poblacho caribeño al que habíamos ido a parar debido a mi incapacidad para leer mapas. Mi esposa, en cambio, parecía feliz con aquella visita improvisada, y no dejaba de revisar la guía turística en busca del nombre de aquella aldea remota que no aparecía en las rutas. “¿Vamos a verla, no?”, me preguntó, si bien no esperó mi respuesta para adentrarse en el oscuro callejón, con su hilera de tiendas cochambrosas.
Amuletos, ídolos de piedra, miniaturas embotelladas, fetos de animales disecados. A la quinta fotografía mi estómago comenzó a perder la poca serenidad que le quedaba tras dos semanas de vacaciones exóticas. Las vendedoras nos miraban pasar con curiosidad, sin abandonar su labor de costura ni sus sonrisas plácidas. No pude dejar de notar que, pese a su inquietante mercancía, todas ellas tenían el aspecto de dulces abuelitas cocineras de bizcochos. La última, de hecho, nos invitó a que probásemos uno recién horneado.
Sabía que no debíamos comerlo, pero mi mujer, como siempre, me sonrió desafiante antes de darle un buen mordisco. La miro ahora y se me saltan las lágrimas al ver cómo da vueltas en círculo y consulta su guía sin comprender qué ha ocurrido. Me da miedo tapar la botella, no sea que se quede sin oxígeno. Pero tengo que reconocer que, aunque me costó una fortuna comprarla, decora muchísimo la repisa de la chimenea.