Ritos

Aquel pueblo apartado del mundo era famoso por sus procesiones de Semana Santa, en las que sólo participaban mujeres sumidas en una especie de trance místico. Julia se mezcló entre el público con su cámara y yo aproveché para perderme por las callejuelas estrechas, aburrido de tanto fervor religioso. En una plaza me crucé con un nutrido grupo de hombres que caminaban apresurados. Les seguí, curioso por saber cómo mataban el tiempo mientras sus esposas celebraban el domingo de resurrección. No fue hasta que les vi entrar en el cementerio cuando noté que iban armados. Los demás pueblerinos ya estaban allí, montando guardia ante las lápidas semiderruidas. Me quedé varios minutos observándoles, hasta que un movimiento de tierra y varios disparos me ayudaron a atar los cabos que faltaban. Ya anochecía cuando metí a Julia en el coche sin ninguna explicación. De todas formas no me hubiese creído.

1 comentario:

El Gato dijo...

Estrmecedor