Miniaturas

La mujer madura que habita en la mansión de la colina es una gran amante de las miniaturas. Tiene una habitación entera dedicada a su colección de casitas diminutas, bolsitos de exquisita pedrería y tenedores del tamaño de una uña. En estos momentos su afición por este arte ha llegado a extremos casi enfermizos. Así, en una vitrina de la estancia podemos ver una réplica exacta de su mansión, que contiene una copia a escala de la habitación de las miniaturas, donde existe a su vez una versión más pequeña de la casa de la colina. Si cogemos una lupa de aumento y la colocamos sobre la ventana más alta de esa casita, que apenas tiene el tamaño de un dedo meñique, tal vez captemos un sutil movimiento, un destello de luz reflejado en algún sitio. Sin embargo, necesitaríamos una lente más grande, tal vez un microscopio, para ver al minúsculo ser que, sentado en un rincón, enciende las cerillas de una caja, junto a la miniatura de una mansión hecha pedazos, y las deja consumirse en el suelo, una a una, con la mirada perdida en el vacío.

4 víctimas:

M dijo...

Te ha salido muy bien, para mi gusto. Lo único es que haría algo más visible los detalles finales, para que la paradoja del micro cerrada.

Sí que aprendes tú rápido, ¿eh?

Beso

Eva dijo...

Gracias por la crítica, querido, pero,... no sé, algo me dice que estás siendo algo blando.
Venga, confiésalo, ¿te asusté el otro día?

;-P

Ligia dijo...

A mí me ha gustado mucho. A veces hay que dejar "el puntito" para que el lector descubra... Abrazos

Ángel Vela (palabras) dijo...

Un texto curioso y fresco, como todo lo que te llevo leido.

No es de los que más me gustaron,pero no quita que esté muy bien

Un abrazo. Nos leemos ;)