Imagínate

“Imagínate que fuera cierto. Imagínate que la más mínima partícula del Universo tuviese vida y que todo estuviera conectado entre sí. Imagínate que cualquier objeto inanimado poseyera en sí mismo una vida en potencia. Imagínate que realmente tú y la lámpara del salón tuvieseis un tipo de conexión más allá del “apago y enciendo el interruptor”. En otras palabras, ¿te acuerdas de cuando jugabas de pequeño con tus muñecos y les hablabas? Bueno, imagínate que realmente te estaban escuchando, porque entonces todas aquellas estúpidas sonrisas de plástico cobrarían sentido...

No, no te rías así y escúchame, ¿vale? Imagina por un momento que, igual que ocurre en esos dibujos animados de Disney, los objetos también tienen vida y se comunican entre ellos. Vale, pues ahora imagínate que tú eres una especie de módem que activa esa conexión, que cuando llegas a tu casa del trabajo, cansado, entras en tu habitación, enciendes las luces y tiras la chaqueta sobre la cama, tu irrupción provoca una especie de estremecimiento en ese cuarto que hasta entonces estaba vacío de vida. ¿No lo has notado nunca? Yo sí. Como una especie de rumor, como si la habitación despertase, un día lo sentí mientras me aflojaba la corbata, de pronto sentí como si hubiese alguien más allí, y me dirás que a lo mejor son fantasmas, pero yo no creo en fantasmas, creo en los objetos que hay en mi habitación, creo que me notan, me sienten y me odian. No, no me odian, se divierten conmigo. Yo lo sé. Hacen experimentos.

Fue el armario el que lo empezó todo, ¿sabes? Fue por pura casualidad, por pura empatía. Yo me estaba estirando después de un día agotador, tenía la espalda hecha polvo, y entonces detrás de mí escuché aquel crujido espantoso, como si el armario gimiera igual que yo. Y pegué un salto descomunal, me giré y no vi nada, la habitación se quedó muda, no esperaban esa reacción. Sí, si, ellos no esperaban que me asustase. Pero les hizo gracia, ¿sabes? Cuando salí de mi cuarto, me pareció escuchar como un rumor... De acuerdo, pudo ser cualquier cosa, pero... ¿y si se estaban riendo? Porque le han cogido el gusto a esto de sobresaltarme. Al día siguiente, el armario volvió a hacer ese ruido, como si se estirara, pero ya no me asusté. Eso les decepcionó... ¡y ahora se turnan! ¡Se turnan para darme miedo! El lunes cayó un libro de mi estantería. Solo. El martes, la puerta chirrió sin que la tocara. El miércoles la bombilla parpadeó varias veces, con ese chisporroteo horrible... Ayer, mientras dormía, mi cama, bueno, era como si vibrara, como si se estuviera riendo de algo, algo gordo que me tienen preparado...

Lo digo porque hoy no he podido salir de mi habitación, ¿sabes? La puerta está atrancada. No tiene cerradura, ni pestillo, ni nada, pero no se abre. Mi compañero de piso ha ido a buscar ayuda, pero no sé si llegará a tiempo. Es que desde hace un rato se oyen ruidos raros en la habitación, ¿sabes? Chirridos, susurros, crujidos, chasquidos... No me atrevo a tocar nada y estoy aquí parado, de pie, en medio de mi cuarto. Tengo miedo de moverme. Aunque, no sé, el armario sí parece que se ha movido unos centímetros. O tal vez resulta que tengo claustrofobia y no lo sabía. Tendría gracia, ¿eh? Bueno, sea lo que sea, gracias por escucharme. Necesitaba contarle todo esto a alguien... Por si me pasa algo antes de que se acabe el saldo de mi móv...”


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3 comentarios:

Eva Díaz Riobello dijo...

Bueno, he respondido a la demanda popular y he quitado ese ¡PIII! tan molesto. Espero que os guste más ahora ;)

Marc R. Soto dijo...

Pues no sé cuánta gente te lo habrá dicho... pero sí, queda mejor sin el pi ;)

Eva Díaz Riobello dijo...

Bueno, me lo habéis dicho los blogueros más influyentes, cómo no iba a hacer caso :P